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Los nuevos Cien Mil Hijos de San Luis: la derecha española, del lado quien amenaza a España
dimecres 8 de juliol de 2026, per
Donald Trump volvió a señalar a España este miércoles desde la cumbre de la OTAN en Ankara, y esta vez fue más lejos que nunca. «España es un caso perdido», declaró ante el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, antes de ordenar en plena rueda de prensa a su secretario del Tesoro, Scott Bessent, que corte «de inmediato» todo el comercio con nuestro país, «incluidas las visitas». La razón del castigo: que el Gobierno español se ha negado a elevar el gasto militar al 5% del PIB que exige Washington y ha vetado el uso de las bases de Rota y Morón para la guerra contra Irán. Es decir, que España ha ejercido su soberanía.
La respuesta del Gobierno llegó en minutos: tranquilidad, recordatorio de que Estados Unidos tiene superávit comercial con España y de que la política comercial es competencia de la Unión Europea, donde no se puede singularizar a un Estado miembro.
Pero no hace falta esperar a la comparecencia de hoy para saber dónde se situará la derecha española. La amenaza de Ankara no es nueva: es la tercera vez que Trump apunta contra la economía española, y en las dos anteriores la hemeroteca dejó retratos nítidos.
Cuando Trump amenazó en marzo desde el Despacho Oval con «cortar todo el comercio con España» por el veto a las bases, Alberto Núñez Feijóo no dirigió su reproche a quien amenazaba, sino al amenazado: aprovechó para cargar contra el Gobierno y acusar a Pedro Sánchez de haber provocado el choque, según recogió El Español. La lógica es reveladora: si la potencia extranjera castiga a España, la culpa es de España — o más exactamente, del Gobierno que España ha elegido.
Santiago Abascal lleva más tiempo perfeccionando el argumento. Ya en marzo de 2025, ante la primera amenaza arancelaria, sostuvo que el error era «convertirnos en los paladines anti-Trump» — señalando a Feijóo y a Sánchez — y puso como modelo a Meloni, que se libraría de los aranceles «porque le cae bien» al presidente estadounidense. Semanas después, cuando los aranceles llegaron, el líder de Vox publicó un mensaje culpando de la «guerra comercial suicida» a Von der Leyen, a Sánchez, a Feijóo y hasta al Pacto Verde. En su diagnóstico no aparecían ni Trump ni Estados Unidos: quien disparaba no tenía responsabilidad alguna; la tenían quienes recibían el disparo.
En junio, PP y Vox respaldaron la intervención militar estadounidense contra Irán — exactamente la guerra para la que Sánchez negó las bases españolas, y exactamente el motivo por el que Trump castiga hoy a España. El silogismo es incómodo pero inevitable: la derecha española apoyó la guerra cuyo rechazo por parte de España es la causa de la represalia que ahora sufre España.
Y hay un último dato que completa el retrato. Este mismo lunes, cuando Trump la emprendió contra Giorgia Meloni en vísperas de la cumbre, Abascal rompió su silencio para defender a la primera ministra italiana: «los aliados no pueden ser tratados como vasallos», reivindicó. La frase es impecable. Solo tiene un problema: el líder de Vox la ha pronunciado en defensa de Italia. Cuando el país tratado como vasallo es España, la doctrina cambia y el vasallaje pasa a llamarse «culpa del gobierno socialcomunista».
Una vieja tradición española
Nada de esto es nuevo en la historia de España. En 1823, cien mil soldados franceses — los Cien Mil Hijos de San Luis — cruzaron los Pirineos para aplastar el régimen constitucional del Trienio Liberal y reponer a Fernando VII como monarca absoluto. No vinieron contra la voluntad de toda España: vinieron llamados por la España reaccionaria, por la Regencia de Urgel y los apostólicos que preferían un ejército extranjero ocupando el país antes que una Constitución limitando al rey. Hubo españoles que recibieron al invasor al grito de «vivan las caenas». El duque de Angulema no necesitó conquistar España: una parte de España le abrió las puertas.
Quince años antes, los afrancesados habían jurado lealtad a José Bonaparte mientras el pueblo de Madrid moría un 2 de mayo. Y en 1936, la sublevación contra la República se sostuvo desde el primer día sobre la aviación de Hitler y las tropas de Mussolini: de nuevo, una derecha que se proclamaba depositaria de la esencia patria no tuvo inconveniente en apoyarse en potencias extranjeras contra un gobierno español que no era de su gusto.
El patrón que hoy se repite es más suave en las formas — nadie cruza los Pirineos, de momento solo se cruzan aranceles y órdenes al Tesoro — pero idéntico en la estructura: ante el conflicto entre una potencia extranjera y un gobierno español que no es el suyo, la derecha que monopoliza la palabra «patriota» elige a la potencia extranjera. Fernando VII antes que la Constitución. Angulema antes que el Trienio. Y hoy, Trump antes que España.
La pregunta que Feijóo y Abascal tendrán que responder tarde o temprano es sencilla: cuando un presidente extranjero llama a los españoles «mala gente», amenaza con hundir su economía y presume de que vendrán a suplicar — «por favor, por favor, queremos comerciar con ustedes, señor» —, ¿de qué lado está un patriota?
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